Inmovilismo

La vida está en continuo cambio. Cambia nuestro cuerpo. Cambia la sociedad. Pero nosotros preferimos pensar que estamos siempre en el mismo punto. El inmovilismo se convierte en la actitud dominante. Hay que hacer las cosas como siempre se han hecho. Ni siquiera se valora mucho si lo que siempre se ha hecho fue bueno cuando se empezó a hacer o si sigue siendo bueno ahora que han cambiado las circunstancias y nosotros y la vida misma. En el inmovilismo nos sentimos seguros.

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Alquilar

Me da la impresión de que para muchos institutos ecónomos y ecónomas lo de alquilar los locales o viviendas o edificios vacíos de que disponemos es una actividad secundaria. Hay muchas renuencias a aprovechar así los bienes ociosos de que disponemos porque… y aquí surge una retahíla grande de razones o excusas. En realidad, alquilar es otra forma de obtener rendimientos a los bienes de que dispone el instituto. Igual que el dinero que está ocioso en la cuenta corriente se coloca en un fondo de inversión o en unas acciones o en unas obligaciones o bonos con el objetivo de obtener unos rendimientos que posibiliten llevar adelante la misión carismática del instituto, siempre necesidad de recursos, la opción de alquilar e incluso de comprar para alquilar, es tan buena como la anterior. Y en muchas ocasiones, tanto o más rentable.

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El principio de realidad

La vida religiosa tiene mucho de sueño, de utopía. Es bueno que sea así. Hay que soñar mucho con el Evangelio, con el Reino, como soñó Jesús, para ir haciéndolo realidad poco a poco en el mundo que nos rodea. Pero hay que esforzarse para que ese sueño no se convierta en una pesadilla. Al menos, desde el punto de vista del ecónomo. Y aquí es donde viene una de los servicios imprescindibles que el ecónomo debe hacer a su comunidad: poner sobre la mesa el principio de realidad, aterrizar los sueños para que se conviertan en realidades.

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Una buena administración

Más de una vez, he comentado en este blog que las inercias nos pueden, que damos por supuesto que las cosas funcionan porque siempre han funcionado en el pasado, que las soluciones de antes siguen siendo válidas hoy. Y nos aterroriza la idea de cambiar, de hacer las cosas de otra manera. El problema viene cuando la realidad ha cambiado pero nosotros seguimos aplicando las mismas soluciones y dando las mismas respuestas a los asuntos y cuestiones que tenemos entre las manos. Lo que fue válido y útil en el pasado ahora provoca desajustes. Esto que es válido como ley general, se aplica también al mundo de la administración. Se trata de hacer una buena administración.

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¿Un Colegio es una Empresa?

“Cuando oigo decir que un colegio es una empresa, me pongo nervioso.” Conviene tener los oídos muy atentos para escuchar lo que se dice por ahí. A veces una frase dice mucho más de lo que dicen las palabras. Algo así me sucedió el otro día cuando escuché a un provincial decir la frase con la que empieza este comentario. Se refería, claro está, a los colegios concertados que tenemos religiosos y religiosas esparcidos por todas partes. Son en algunos institutos, por carisma y misión, la punta de lanza de su trabajo evangelizador. ¿Cómo puede alguien decir que son empresas? ¿Un colegio es una empresa?

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Controlar o servir

Uno mira a la historia y parece que el poder, el situarse por encima de los demás, ha sido una de las grandes tentaciones. Quizá en el fondo no sea más que una forma de buscar sentirse seguros. Nos gusta controlar lo que nos rodea, nos gusta que no haya imprevistos y que todo esté en orden. Y a veces, casi sin querer o sin darnos cuenta, pasamos de controlar las cosas a pretender controlar a las personas. Esto ha sucedido en la iglesia y fuera de la iglesia, en la vida civil, en los institutos religiosos y en los clubes de fútbol. Religiosas y religiosos no estamos exentos de esta tentación, que afecta de modo especial a los que tienen algún cargo, el que sea, en la vida religiosa. Es relativamente fácil caer en la tentación y pasar del servicio al dominio. Nos olvidamos de que lo nuestro es servir.

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Otra vez las inversiones financieras

La experiencia me lo confirma. Las inversiones financieras, de cuya adecuada gestión depende en buena parte el futuro económico de nuestras instituciones, se sigue pareciendo a un mar proceloso por el que la mayoría de los ecónomos provinciales o generales se sienten incapacitados para navegar. Nos parece que es un mundo desabrido, hosco, huraño. Ante él nos sentimos perdidos. Cuando se presenta ante nosotros el comercial del banco con el que trabajamos, es como si nos enfrentásemos a un superior, a alguien que está por encima de nosotros y ante el que no podemos hacer más que escuchar y obedecer. Por dentro se nos queda la sensación de que quizá no sea verdad todo lo que nos dice, de que quizá esté sirviendo más los intereses del banco o los suyos propios que los nuestros. Pero no nos atrevemos a decir nada.

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La cuesta de enero

Tradicionalmente, se hablaba de la cuesta de enero. Después de los dispendios de las Navidades, las familias tenían difícil arrancar el nuevo año. La paga extra de Navidad se había volatilizado y el dinero estaba muy justito para llegar al fin de enero, hasta el día del cobro de la siguiente paga. Para más inri, hacía mucho frío y el cielo era gris y plomizo. Esto era tradicionalmente. La realidad es que hoy para muchas familias, la cuesta de enero se alarga muchos meses. En algunos casos hasta diciembre. Son las consecuencias de esta crisis económica, causada por el covid-19 y de las anteriores. Porque a algunas familias les llegan los efectos de la crisis sin haber tenido tiempo de recuperarse de la anterior.

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Navidad es servir

La Navidad está ya a la vuelta de la esquina. Celebramos el nacimiento de Jesús. Todos nos alegramos con la memoria de acontecimiento tan importante. Todos pensamos en lo que puede significar para nuestra vida. Diría que Navidad es servir. ¿En qué sentido? Muy sencillo. Dios se pone a nuestro lado para servirnos, para acompañarnos, para darnos esperanza, para facilitarnos la vida. Y todo eso tiene mucho que ver con nuestro servicio y ministerio como administradores.

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La que se avecina

Además del título de una serie cómica española, La que se avecina nos puede servir como título para esta entrada. La que se avecina es como el anticipo de lo que vamos a ver en enero o febrero cuando echemos una mirada a la cuenta de resultados de este 2020 de nuestras instituciones y de nuestras actividades. La que se avecina es tan terrible que o cambiamos nuestras inercias y dejamos de pensar y hacer como lo hemos hecho siempre o estaremos condenados a la desaparición porque no hay institución ni actividad que aguante impávida la que está cayendo y la que se avecina.

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Cambio climático

Estamos oyendo muchas voces que alertan sobre el cambio climático. Alertan sobre sus posibles consecuencias desastrosas para el futuro del planeta y de la misma humanidad. Insisten en que ese cambio está siendo provocado por la actividad humana y que, modificando nuestra forma de comportarnos (de producir, de consumir) podríamos evitar esas consecuencias negativas. Los institutos religiosos somos también parte de esta humanidad, vivimos aquí, producimos aquí, consumimos aquí. Y, además, decimos que queremos ser testimonio de un estilo de vida diferente: respetuoso con la vida y promotor de la fraternidad, que no otra cosa es el Reino del que habla el Evangelio y del que queremos ser testigos. Por eso, este asunto del cambio climático nos debería hacer pensar y, probablemente, provocar un cambio en nuestras actitudes y comportamientos.

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En equipo

Dicen que el hombre, el homo sapiens, fue capaz de desarrollarse y crecer hasta la situación actual gracias a que fue capaz de trabajar en equipo. Es decir, de colaborar y trabajar juntos para obtener mejores resultados. En lugar de arrastrar cada uno un tronco, descubrieron que era mejor llevar el primer tronco entre los dos, luego el segundo y así sucesivamente. Y que era mejor cazar en grupo que en solitario. La clave, pues, es trabajar en equipo. Religiosos y religiosas hablamos mucho de comunidad, pero a veces tengo la impresión de que nos cuesta trabajar en equipo.

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Nuestro granito de arena

Todos estamos muy preocupados con la ecología, con la destrucción del medio ambiente y con el intento de salvar este planeta que es nuestra casa común. Es verdad: no podemos hacer grandes cosas, pero sí que podemos aportar nuestro granito de arena a la causa común. Me refiero a lo que podemos hacer los administradores en nuestro trabajo concreto. Y es que una de los elementos de nuestro trabajo son los documentos. Papeles y papeles. La fotocopiadora/impresora está a veces echando humo de lo mucho que trabaja. ¿Qué podemos hacer para aportar nuestro granito de arena a la mejora del medio ambiente?

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La ley nos protege

A veces pensamos que las normas y las leyes son una molestia, una carga, un impedimento que nos hace la vida más difícil. La vida de familia, pensamos, se arregla de otra manera más sencilla. Nos podemos saltar las normas en nombre de que todos somos buenos y tenemos buenas intenciones. La realidad es que en su mayor parte el derecho, las normas, canónicas y civiles son fruto de la experiencia y se han dictado para facilitar la convivencia y la resolución de los problemas y conflictos que surgen, inevitablemente y aunque todos tengan buena intención, en las relaciones entre las personas y los grupos. La ley nos protege, protege nuestros derechos y evita conflictos.

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En el mismo barco

Es una de las frases que me gusta repetir cuando doy charlas o clases a grupos de religiosos o religiosas. Digo y repito que “todos estamos en el mismo barco”. Me parece importante insistir en la idea porque a veces da la impresión de que somos más una flotilla de barcos o barquitos remando cada uno en su dirección, que un barco con una dirección única, y una misión única. Conviene que todos nos demos cuenta de que ni mi comunidad ni mi actividad, ya sea colegio, editorial, hospital o cualquier otra forma de apostolado que podamos imaginar, tiene sentido o vida independientemente de la provincia o congregación en la que está integrada. Pero esa frase merece algún comentario.

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Mantenimiento

De vez en cuando mi trabajo en la administración provincial me obliga a pasar por las comunidades de mi provincia y revisar con el ecónomo las cuentas. De paso, estoy con la comunidad e, inevitablemente, veo también la casa y cómo está de atendida. Hay algo que me preocupa en esas visitas. Y es que algunos de los administradores no terminan de entender bien la relación entre dos términos: austeridad y mantenimiento. Los dos términos tienen un corolario que es el término limpieza. Todos esos términos tienen alguna relación con la edad. Y prefiero no pensar que están relacionados también con otro término: desidia. Por eso me voy a centrar en los dos primeros: austeridad y mantenimiento.

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Palabras para pensar

Estamos en agosto. Ya sé que muchos de los lectores de este blog están en otras latitudes y agosto es un mes como cualquier otro. Pero el que escribe estas líneas está en España y en estas tierras agosto es un mes de parada nacional. Todo, o casi todo, queda aplazado para septiembre. Y todo el mundo piensa en tomarse unos días de descanso o, al menos, hacer una vida más relajada. Quizá quede tiempo hasta leer un libro o cosas parecidas. Quiero hacer mi aportación a ese relajo generalizado con unas palabras para pensar, unas frases que quizá nos hagan pensar en nuestro trabajo como administradores. Seguir leyendo Palabras para pensar

Respetar la legalidad

La vida religiosa ha vivido durante años en una cierta burbuja social. No siempre se hacían las cosas en los institutos como se hacían en la sociedad. Había una cierta sensación de que las leyes civiles no obligaban a los miembros de los institutos. Eran un grupo separado, aparte, que se regía por sus propias normas, que –se daba por supuesto– eran mejores y más justas y más de todo que las de fuera, las de la sociedad. Pero la verdad es que nos vamos dando cuenta de que es mejor atenernos a esas normas civiles y cumplirlas. Que es mejor y que nos quita de muchos problemas. Que a veces nuestras soluciones caseras y familiares, no sólo no arreglan nada sino que provocan mayores problemas. Que es mejor respetar la legalidad que no hacerlo. Seguir leyendo Respetar la legalidad

Limpieza y orden

Como saben mis lectores, escribo desde España. Estamos en verano. Es un tiempo un poco más relajado. Bajan las urgencias y el mismo calor hace que la actividad se ralentice un poco. Es un tiempo oportunísimo para poner un poco de limpieza y orden en los archivos. Sí, ya sé que el tema no es muy atractivo. Es incluso aburrido. Y sin embargo, mantener bien los archivos es condición indispensable para hacer una buena administración. Limpieza y orden debería ser el lema de nuestro trabajo como administradores. Seguir leyendo Limpieza y orden

Discursos y realidades

A lo largo de toda la historia humana las palabras y los discursos han sido muy solemnes pero la realidad no ha acompañado siempre esas palabras y esos discursos. Los institutos religiosos no somos una excepción y no siempre la realidad acompaña a nuestros discursos. No quiero ser destructivo. Hay realidades enormes de generosidad, de entrega, de servicio. Pero también a veces hay una cierta falta de coherencia entre discursos y realidades. Seguir leyendo Discursos y realidades

Cercanía y seguimiento

Un administrador provincial tiene que dedicarse a las altas finanzas pero también tiene que estar atento a los ecónomos y administradores de las comunidades. Ambos aspectos son parte de su trabajo. Puede ser difícil compatibilizar esos dos campos. En este blog hemos hablado mucho de esas altas finanzas pero últimamente no hemos recordado esa parte fundamental de su trabajo que es estar cerca de los ecónomos o administradores de sus comunidades. Expresaría su trabajo con ellos en tres palabras: cercanía, seguimiento y supervisión. Seguir leyendo Cercanía y seguimiento

El cálculo de las pérdidas

Ya parece que vamos saliendo de esta pandemia mundial. No en todos los países del mismo modo y al mismo ritmo pero estamos viendo ya la luz al final del túnel. De lo que no estamos tan seguros es de ver el final de la crisis económica que la pandemia ha provocado. Esto va a ser duro. Ya he escrito sobre la gravedad de la situación en la entrada titulada En tiempos de desastre. Pero creo que la situación es tan grave y con tantas consecuencias económicas para la sociedad en general y para los institutos religiosos en particular que hay que insistir en ello. Hay que hacer el cálculo de las pérdidas y ponerlo sobre la mesa. Negro sobre blanco. Para que religiosos y religiosas, no sólo sus gobiernos, se den cuenta de la gravedad de la situación. Seguir leyendo El cálculo de las pérdidas

Nuevos tiempos, nuevas oportunidades

De los desastres se suele salir. Vamos a esperar que sí. Pero no salimos como entramos. La situación ha cambiado y también nosotros tenemos que cambiar en nuestra forma de reaccionar ante las nuevas condiciones. A nuevos tiempos, nuevas oportunidades. En esta entrada quiero hablar de un instrumento financiero que nos puede ser muy útil y que podemos usar pero que, en general, no nos gusta usar o nos asusta usar o nos parece que no debemos usar. Me refiero al recurso al crédito como forma de financiar obras o inversiones que tengamos que hacer. A nuevos tiempos, nuevas oportunidades. Y hay que saber aprovecharlo todo, todo, al servicio de la misión. Seguir leyendo Nuevos tiempos, nuevas oportunidades

En tiempos de desastre

El título no es accidental: en tiempos de desastre. Lo que está pasando es realmente desastroso. El coronavirus no sólo va a matar porque es un virus muy malo que ya ha provocado muchas muertes. Está provocando una catástrofe económica tan enorme que posiblemente provocará muchas más muertes la crisis económica que la sanitaria. Y en tiempos de desastre hay que aplicar medidas urgentes, rápidas, novedosas, que se orienten a paliar en la medida de lo posible los efectos negativos que está provocando y que va a provocar en el inmediato futuro. Y los institutos religiosos no van a ser ajenos a ese desastre. Esta vez no. Nos va a tocar y muy de cerca. Seguir leyendo En tiempos de desastre

Un blog quincenal de Fernando Torres sobre economía y vida religiosa