En el mismo barco

Es una de las frases que me gusta repetir cuando doy charlas o clases a grupos de religiosos o religiosas. Digo y repito que “todos estamos en el mismo barco”. Me parece importante insistir en la idea porque a veces da la impresión de que somos más una flotilla de barcos o barquitos remando cada uno en su dirección, que un barco con una dirección única, y una misión única. Conviene que todos nos demos cuenta de que ni mi comunidad ni mi actividad, ya sea colegio, editorial, hospital o cualquier otra forma de apostolado que podamos imaginar, tiene sentido o vida independientemente de la provincia o congregación en la que está integrada. Pero esa frase merece algún comentario.

La frase “todos estamos en el mismo barco” es el encabezado del primer apartado del cuaderno monográfico de la revista Vida Religiosa que he publicado hace unos meses, titulado Otra visión y organización de la economía. Es una forma de llamar a la responsabilidad de todos los miembros del instituto en lo que se refiere no sólo a la misión sino también a la vida económica de la institución. Pero también es bueno que reflexionen en la frase y en sus consecuencias los que están en cargos de gobierno y, por lo que aquí nos atañe, los ecónomos y administradores de la vida religiosa.

Porque “todos estamos en el mismo barco” pero a veces no todos estamos en la misma posición. No me refiero al trabajo que, por supuesto, es diferente. En el barco hay marineros, cocineros, maquinistas, oficiales y hasta un capitán. Cada uno tiene su función propia. Pero hay otro hecho importante que se da en cualquier barco: no todos viven o están en el mismo lugar. Unos malviven en las bodegas mientras que otros tienen camarotes de tercera o de segunda o de primera. Están los enchufados y los marginados. No todos tienen los mismos derechos ni los mismos privilegios. Así es en el barco. Y esa es la parte en que la metáfora del barco no debería aplicarse a la vida religiosa.

En un instituto religioso, por definición, todos los miembros son iguales. Vivimos en comunión de misión y de bienes. Cada uno con su trabajo concreto pero iguales en derechos y deberes. Y jurídicamente lo somos. Pero luego viene la vida y, como decimos a veces, “todos somos iguales, pero unos más y otros menos”. Por las razones que sean, termina habiendo diferencias entre unos y otros. Unos tienen más poder que otros. Eso es normal. No hay que escandalizarse. Sucede en todas las sociedades humanas. Y no hay ninguna razón para que no suceda en los institutos, siempre tan humanos en todos los sentidos. Pero una cosa es que suceda y otra que debe suceder. Porque no debería de suceder.

Pero, ¿qué tiene esto que ver con la vida religiosa y, más aún, con la administración? Mucho. Entiendo que uno de los objetivos que debe tener presente el ecónomo religioso, ya sea general, provincial o local, es conseguir esa igualdad radical entre los miembros del instituto. En la medida de lo posible que todos tengan los mismos medios y posibilidades de vida y de crecimiento y formación para el servicio de la misión. Porque “todos estamos en el mismo barco” y compartimos vida y misión.

Me contaron de un ecónomo general que montó en cólera porque un religioso había hecho un gasto muy grande. Pero se tranquilizó cuando le informaron de que el tal religioso pertenecía a una provincia con abundancia de recursos económicos. Eso es desigualdad. Eso es injusticia. Eso es hacer que en la práctica haya religiosos de primera y de tercera. El administrador religioso debe esforzarse por hacer que los recursos se repartan equitativa, austera y generosamente entre todos los miembros del instituto por igual. Tiene muchos trabajos, por supuesto, pero éste es uno de los importantes.

Así que, recordemos: todos estamos en el mismo barco, pero conviene que todos los camarotes sean de la misma clase. Para que sea verdad lo de que todos estamos en “el mismo barco”.

  • Extra: Para los lectores de mi blog que estén en España les sugiero que estén atentos a la asamblea de Seras que se va a realizar el próximo 19 de septiembre. Los que sean representantes legales de sus provincias o congregaciones deberían hacer un hueco en sus agendas para participar en ella. Religiosas y religiosos de España, y también de fuera, nos jugamos mucho en esa asamblea. Si alguien quiere más información no tiene más que ponerse en contacto conmigo y le diré mi opinión.
  • Otro extra: Y como estaba prometido, la segunda Historia del Padre Pérez va en el archivo que se puede descargar a continuación.
Historias del Padre Pérez 2

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