Sobre inversiones y fondos

He dedicado bastantes horas este verano a estudiar los fondos financieros de los que soy responsable en mi provincia. Ver la evolución de cada uno, organizar unas fichas con sus movimientos, etc. Hay una página en internet (www.morningstar.es) en la que se puede encontrar información detallada de cada uno de los fondos. Desde su evolución en los últimos años hasta el tipo de inversión que hacen, su rentabilidad, los principales sectores en que invierten y las posiciones principales. Basta con poner en el lugar de búsqueda de esa página el nombre del fondo o, mucho mejor, el número ISIN, que es el código internacional que identifica a cada uno de los fondos de inversión. Es muy interesante esta página porque toda esa información puede ayudar a tomar mejores decisiones. En cualquier caso es una información más imparcial que la que nos puede dar el asesor del banco con el que trabajamos. Fruto de este trabajo, he descubierto algunas cuestiones interesantes y tendremos algún diálogo con las gestoras con las que trabajamos.

Digo todo esto porque creo que los fondos financieros tienen cada vez más importancia en la economía de las congregaciones religiosas como fuente de ingresos en un contexto en el que –no hace falta dar las razones, bien sabidas por todos– las demás fuentes de ingresos van disminuyendo. Por eso cada vez estoy más convencido de tres cosas:

1) Es necesario dedicar tiempo y esfuerzos a este asunto de las inversiones financieras. No se puede dejar en manos de otros ajenos. Tenemos la obligación de entender algo de este mundo de las finanzas en el que tanto nos jugamos el futuro de nuestras instituciones. Porque sin una base económica va a ser muy difícil desarrollar la misión del instituto.

2) Es necesario clarificar y establecer y determinar los criterios con los que vamos a hacer esas inversiones. ¿Buscamos sólo la máxima rentabilidad? ¿La máxima seguridad? ¿Nos preocupa el destino que fondos y bancos dan a nuestro dinero o nos da lo mismo con tal de que nos den los intereses pactados? ¿Participamos en fondos especulativos o no renunciamos a ellos aunque den más rendimientos que otros? ¿Qué criterios éticos tienen que cualificar nuestras inversiones? Hay que poner en orden y por escrito nuestras ideas sobre estos temas. Una vez más, me cito a mí mismo y el documento en que ofrecía un borrador de esos criterios éticos y de otro tipo que deben orientar nuestras inversiones financieras (basta con hacer click aquí). Vale como base para elaborar un documento propio en cada instituto.

3) Es necesario tener buenos asesores que nos orienten en este campo tan complejo y variado de las inversiones financieras. Deben ser asesores imparciales o lo más imparciales que sea posible. Obviamente el director del banco en que tenemos la cuenta, por mucho que le conozcamos de toda la vida y sea muy “de casa” no es lo que se dice un asesor “imparcial”. Los asesores imparciales y buenos cuestan dinero. No hay nada gratis en este mundo. Pero vale la pena porque nos jugamos mucho de nuestro futuro como institutos religiosos en este tema.

Y termino con algo obvio pero que hay que tenerlo en cuenta: por muchos y buenos asesores que tengamos –y debemos tenerlos– la decisión última sobre lo que se hace con nuestro dinero debe ser nuestra. Y la responsabilidad también. No podemos dejar que otros decidan sobre lo nuestro. Porque las consecuencias serán para nosotros y no para ellos.

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